El Rapto de Norton Maza

Norton Maza (Chile, 1971) es un provocador, de eso no hay duda. Aún recuerdo sus imágenes en la última versión de ChACO, en donde mostraba a un Cristo en calzoncillos ajustados, pistola en mano, preparándose para defenderse en una situación parecida a los allanamientos de mansiones en la última invasión de Irak. No resulta difícil pensar que la convocatoria para la que fue la inauguración de su instalación El Rapto el pasado 10 de marzo en el Museo Nacional de Bellas Artes –y que se exhibe hasta el 8 de mayo– fuera la más concurrida que he visto en mucho tiempo en el recinto del Parque Forestal.

Prácticamente nadie sabía qué era con lo que nos encontraríamos una vez que se abrieran las puertas de la Sala Chile del museo, toda imagen era celosamente guardada. Una vez terminadas las presentaciones y discursos, los asistentes que íbamos por la instalación (el resto se quedó pendiente del cóctel en el primer piso) nos agolpamos para subir rápidamente las escaleras. Cuando llegaron los guardias a quitar las los seguros de los cerrojos de las puertas y éstas se abrieron, lo primero que vimos fue oscuridad. Y es que entre las cortinas que cubren la entrada a la sala y el panel que anuncia la instalación, poco se logra ver. Hasta que, al rodear el panel, de reojo se ve un haz de luz.

Detalle de la instalación El Rapto de Norton Maza.
Detalle de la instalación El Rapto de Norton Maza.

De entrada, El Rapto impacta. Produce una perplejidad de no saber qué está pasando hasta que, después de un par de miradas hacia arriba y hacia abajo, uno logra componer el total de la situación. Primero, una luz que baja desde el cielo; luego, una mujer –una encapuchada– flotando en el centro. ¿Qué está pasando acá? ¿Esta encapuchada, molotov y encendedor en mano, está siendo abducida hacia los cielos como lo serán los justos antes del Juicio Final en el relato del Libro del Apocalipsis?

El asombro ante semejante imagen es total.

Instalación El Rapto de Norton Maza.
Instalación El Rapto de Norton Maza.
Instalación El Rapto de Norton Maza.
Instalación El Rapto de Norton Maza.

Luego, comienzan a aparecer los detalles. La capucha con el logo de Chanel, los tatuajes en caderas y brazos, las pulseras y manicura francesa, la sombra de ojos azul, la llama en bronce de la molotov. El cielo que se abre en papel maché, los buques de guerra, helicópteros, Hulk, un Stormtrooper, una Barbie vestida de Viejita Pascuera enseñando sus pechos, las luces laterales y los colores… entre tantos otros detalles que se develan ante quien observa cuidadosamente.

Y volvemos a ver la imagen completa: el instante en el que una mujer encapuchada se presta a lanzar con su mano derecha una bomba molotov encendida pero queda suspendida en el aire al comenzar a ser ascendida hacia un cielo que se abre y deja entrever una guerra, una emergencia, que se lleva a cabo en él.

Detalle de instalación El Rapto de Norton Maza.
Detalle de instalación El Rapto de Norton Maza.
Cornamusas que sostienen la bóveda de El Rapto.
Cornamusas que sostienen la bóveda de El Rapto.

Y nos alejamos, miramos desde distintos ángulos. Vemos que todo no es más que un artificio: el cielo que se abre es una bóveda suspendida bajo el cielo de la sala. Y cuando nos alejamos de la luz nos encontramos con que esta bóveda es sostenida –a través de un sistema de poleas– por veinte cornamusas con forma de gárgolas… o de demonios. ¿Son demonios quienes sostienen –o manipulan– desde las sombras toda la imagen que hemos presenciado? ¿Es el Diablo quien mueve los hilos de este mundo? ¿Es esto realmente El Rapto o un mero engaño?

Maza mezcla el arte medieval, representado en la pintura y ornamentación de la bóveda y las gárgolas, junto a una crítica a la sociedad actual de consumo con una instalación que requirió del trabajo del artista junto a carpinteros, escenógrafos e iluminadores durante un año. Fue una apuesta riesgosa pero como tal, una que paga muy bien. El Rapto es, en definitiva, uno de los imperdibles de la actividad cultural nacional este año.

El Rapto, de Norton Maza
Del 11 de marzo al 8 de mayo de 2016.

Museo Nacional de Bellas Artes
Parque Forestal s/n, Santiago.
De martes a domingo, de 10 a 18.45hrs.
Entrada liberada.

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